Escribir

O locura o escritura. Una araña que teje una tela que impide que otra araña llamada locura teja la suya.

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Representando la venganza

Una de las formas de simbolizar la venganza es con una mujer que con armadura y vestido rojo, lleva un puñal desnudo en la mano derecha, mientras se muerde un dedo de su mano izquierda; a su lado, un gran león herido con un dardo aún clavado y en actitud amenazadora.

El por qué del puñal desenvainado, la armadura, el color rojo y el león herido se intuye fácilmente, pero me fascinó que mordiera su dedo. La respuesta es, que aquel que se inclina a vengarse, para tener la memoria más firme en su objetivo, se sirve del propio dolor que se infiere para tener siempre presente otro dolor que siente.

Es por eso que a veces, aparece con la mano izquierda cercenada, buscando ese recuerdo permanente, recreando la turbación, la rabia y la melancolía. Al fin y al cabo, hay que tener el dolor fresco para tomar venganza.

También se la representa con fuego sobre el yelmo, como símbolo de la sangre hirviendo del corazón debido a la ira, aunque prefiero otras representaciones que nos indican una mayor lentitud en esa venganza, a la par que nos avisa de las consecuencias, como cuando a la mujer acompaña un cuervo con un escorpión en el pico, que a su vez clava un aguijón en el cuello del ave.

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Simbolizando la deuda (I)

Se simboliza la deuda con un joven pensativo y de rostro muy triste, que lleva la ropa desgarrada y una gorra verde en la cabeza. Lleva en ambos pies y en el cuello, un cepo de hierro muy grueso de forma redonda. Sostiene con la boca un cesto y con la mano una fusta, en la punta de cuyas cuerdas se ven unas bolas de plomo. A sus pies, se pone una liebre.

Se pinta joven porque se supone que los jóvenes no muestran un excesivo amor a la riqueza y son descuidados con ésta. La ropa rasagada de ir por la vida como un pedigüeño, y la gorra verde, porque en algunos paises antiguamente se obligaba a los deudores a llevarla como símbolo de perpetua infamia.

Las cadenas en pies y cuello hace alusión a este castigo que se imponía en la antigua Roma, sin que  pudiera esta atadura pesar menos de quince libras. A veces se les castigaba con la pena capital, o si no, se les vendía. Incluso, si los acreedores eran varios, podían hacer pedazos al deudor si así lo deseaban, aunque dicen que jamás se empleó dicha pena: mejor un deudor vivo y esclavo, que un deudor muerto y una deuda incobrable.

También puede leerse según Tito Livio, que los deudores se entregaban como siervos a sus acreedores, pudiendo ser atados y azotados por éstos. Otros autores, como Dionisio de Halicarnaso, añade que no sólo los deduores, sino también sus hijos, pasaban al servicio de los acreedores.

Se incluye la liebre por ser un animal asustadizo, como el deudor ante el cúmulo de citaciones, y porque éste, al igual que la liebre, se pone en fuga cuando intuye el peligro. La cesta en la boca y la fusta con bolas de plomo expresan los  castigos que se le infligían.

¿Y cómo representamos hoy las deudas, que ahogan tanto al estado como a particulares? Se me ocurren varias opciones: piedras atadas al cuello, ahogamiento y asfixia, agencias de calificación, tarjetas visa, trajes y corbatas, bancos, colas del servicio de empleo, tranquimazín, ropa raída, desahucios, las columnas del Partenon, el FMI, el Parlamento europeo y sus ”que viene el coco, dame tus libertades civiles y te protegeré”…

Víctimas de la estafa y la apriencia, avariciosos sin escrúpulos, inocentes sin recursos, los símbolos transmiten ahora un nuevo mensaje: nadie escapa.  

 

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Representando la libertad

Se representa la libertad como una mujer vestida de blanco, que sostiene un cetro con la diestra y con la siniestra un gorro. Junto a ella en el suelo, aparece un gato.

El cetro representa la autoridad de la Libertad y el imperio que tiene de sí misma. La libertad posee su propio ánimo, de cuerpo y de pensamiento. Para otros autores, la mujer  sujetaría una maza como la de Hércules, en lugar del cetro. Hay quien dice que como símbolo de virtud, yo, con todos mis respetos, diría que como símbolo de la fuerza necesaria para ser libre.

El gorro hace alusión a los antiguos romanos, que cuando le daban libertad a su siervo, le afeitaban la cabeza. Mientras no fueran libres no podían cortarse el pelo.

En cuanto al gato, y al ser un animal que ama la libertad, nos muestra que no puede ser retenido por la fuerza. A veces ante la mujer, aparecerá un yugo destrozado en lugar de este animal.

Una de las estatuas más representativas de la libertad, está bien presente en nuestro imaginario colectivo, aunque no puedo dejar de preguntarme si no estaría más apropiada con una maza en la mano en lugar de la antorcha, y con un gato callejero a los pies. Menos esperanzadora sí, pero más real.

Yo no puedo dejar de imaginar la libertad como un momento de felicidad consciente. Ese mágico momento en que eres libre, porque  estás donde quieres, con quien quieres, haciendo lo que quieres. Ese momento en que eres feliz, y lo sabes. Pero eso es parte de mi propio imaginario, porque la libertad asusta también y duele mantenerla. Que se lo digan al juez Garzón, el precio que está pagando por ser fiel a su conciencia y haber actuado con libertad. ¿Pensará en mujeres con mazas o en mujeres ciegas? No, no tiene pinta de ser del bando de la ceguera.

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Silencio

Pongo piedras en la boca del ganso.

Voy con los viejos de piel del lobo que llevan un dedo en los labios.

Con la mujer sin boca que viste de ojos y oídos.

Recorro con negras alas y el rostro como la noche,

el árbol de hojas de lengua de hombre y frutos como su corazón.

Con ropa oscura y muda,

soy la mano lejana que dice no te acerques.

Oyendo, para poder verte.

María Pérez Negra.

 

 

 

 

 

 

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Sobre la Perseverancia (II)

Según recoge Cesare Ripa en su célebre obra del siglo XVI, Iconología, se representa la perseverancia de las siguientes formas:

Como un muchacho agarrado a una palma.

Como una mujer vestida con un traje blanco y negro, con una corona de flores de amaranto, y abrazada a un árbol de laurel.

También como una mujer que sujeta con la diestra una serpiente en forma de círculo, es decir, sujetando su cola con la boca, y cogiendo con la izquierda un atado de mechas de arcabuz, encendidas.

Como una matrona de avanzada edad, sentada en un peñasco, que dirige sus ojos  hacia el cielo, con los brazos abiertos y extendidos, y las manos alzadas.

En el primer caso, por ser la palma símbolo de la virtud, y porque aunque algún peso tire de ella y la oprima, se levanta, supuestamente como la virtud ante el vicio. La edad del muchacho  simboliza los primeros impulsos que experimenta el ánimo hacia el bien. El muchacho no puede soltarse sin matarse, tal y como como la perseverancia se perdería a sí misma si dejara de realizar buenas acciones.

El traje blanco y negro del segundo caso, significa los dos extremos, el propósito firme. El amaranto y el laurel, flores y plantas perennes. Algunos autores además la muestran echando gota a gota agua en una roca.

No nos detalla nada el maestro Ripa sin embargo sobre el tercer caso, del que podemos deducir por su simbolismo, sabiduría y lucha.

El último caso nos muestra la diferencia entre la paciencia y la perseverancia, ya que ésta última tiene un componente inseparable: la esperanza. La edad de la matrona por su parte, simboliza el ánimo necesario para llegar a un objetivo distante, aunque se tenga que esperar largo tiempo para lograrlo, de ahí también que aparezca sentada en una roca.

Por mi parte, y como símbolo más actualizado de la perseverancia en nuestra civilización, expongo esta imágen.

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El regreso

“La primera vez que fue a aquel barrio en la periferia, tan alejado de su casa de la urbanización y del centro comercial de la ciudad, fue por la recomendación que le hicieron sobre un veterinario de la zona. Esa primera vez cometió el error de llevar el Lexus plateado, que terminó por aparcar sobre una acera. A partir de ahí, fue siempre andando, lo que mejoró su forma física y la de Lumen, su perra labradora.

No sabe bien por qué mintió cuando el veterinario preguntó su dirección para la ficha. Quizás le dio apuro mencionar la conocida calle de grandes casas donde vivía, o quizás ahí empezaron a desbloquearse algunos recuerdos muy enterrados. Lo cierto es que aquella noche rebuscó una fotografía de cuando era niño, una desoladora imagen en blanco y negro del tiempo más feliz que vivió nunca, en un descampado donde ahora se ubica la consulta del veterinario, un edificio de ladrillo visto en un barrio de pisos dormitorio del extrarradio.

Satisfecho con la consulta del especialista, se entretuvo a la salida mirando los pisos que había en venta por la zona. Tuvo tiempo de apuntar varios números de teléfono, el entramado de calles estrechas y superpobladas no dejaba avanzar la fila de coches a esa hora punta de la vuelta de naves y oficinas.

Una cosa llevó a la otra. Como si fuera un sonámbulo, compro un pequeño piso de dos dormitorios y amuebló la casa con sencillos y alegres muebles de una conocida cadena con anuncios de música pegadiza. Disfrutó amueblando la cocina y comprando plantas y estores ligeros, tan diferentes de los pesados cortinajes y los muebles de caoba de su otra vida.

Sus vecinas, antes de que él apareciera ya sabían la versión oficial que había dado a la chica de la inmobiliaria.”

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Despiste

Meditando sobre las causas del cansancio tropiezo con una razón para tener en cuenta: la concentración forzada en los asuntos que no interesan, y que obligan a levantar un muro que separe la realidad actual y todo lo que de verdad fascina nuestra alma. Y en éstas estaba, paseando por el parque que atravieso al menos una vez por semana de camino a casa, cuando descubrí un bello mosaico que según mis cálculos he debido ver un mínimo de 312 veces puesto que llevo pasando por aquí 6 años. San Fiacre, patrón de los jardineros. Todavía trastornada, me pregunto si la razón de que hoy por fin sí lo haya visto son mis clases de Ikebana, el libro que ando leyendo (“El darse cuenta” de John O. Stevens), o sencillamente es que ”esa maldita pared que separa mi vida y mi vida”, se está adelgazando.

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Esvástica dextrógira y esvástica sinistrógira

Buena muestra de los símbolos que poco se parecen a su sentido original. Para los occidentales, es un símbolo del mal que queda indisolublemente unido al Holocausto judío y al Tercer Reich, (y prohibida su representación en Alemania) por lo que nos resulta chocante verlo en la decoración india donde se le concede un significado positivo. Su carácter provocador hace que aún sea utilizado por grupos heavy metal o punks, y por supuesto por neonazis, aunque para los inciados el símbolo que actualmente aglutina a esos grupos sea el llamdo sol negro, una variante compleja de la esvástica y menos comprometida que ésta.

Muy interesante, para saber más sobre el origen, significados según su orientación y sobre otros símbolos del nazismo: “Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo” de Rosa Sala Rose.

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Todos propiedad del estado

Mientras voy en el tren, dejo vagabundear la mente pensando que los políticos, en razón de su cargo, deberían estar obligados a viajar en el tren de cercanías al menos una vez al mes. Frente a mí, una mujer mayor ha subido al tren con su  hijo, un joven extremadamente delgado y desaseado, de mirada desorbitada y gestos nerviosos que contrastan con la humilde pulcritud de ella y su gesto cansado. “Llegaremos tarde, deberíamos haber cogido un taxi” “Mama, a ver si me vas a llevar a un sitio al que no quiero ir”. Me imagino que quizás el destino desconocido es el Proyecto Hombre. Detrás de ellos tres mujeres que vienen de la feria. De la misma edad aproximadamente que la anterior, visten alegres colores, llamativos pendientes y collares, y grandes flores artificiales en su pelo tirante bien peinado.  Mueven el abanico, charlan animadamente del rato que han pasado en la caseta.  Un joven oriental y dos chicos africanos, suben en la misma estación. No se conocen pero van vestidos con ropa a la última y con todo lo que Steve Jobs ideó, su iPod, iPad, iPhone, cascos y la ropa interior de ck. Profesionales, estudiantes, jóvenes que salen a divertirse, dos ex-presidarios que se encuentran y se alegran de verse fuera, mientras cuentan una rocambolesca historia sobre un amigo “mu loco” con todo el vagón sin perder detalle. Gente sociable, huraña, ingenua, esperanzada, cansada, ambiciosa, deseosa, juguetona o tensa. Bajo en mi estación, pensando lo mismo: todos los políticos deberían estar obligados a viajar al menos una vez al mes en el tren de cercanías.

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