Se representa la libertad como una mujer vestida de blanco, que sostiene un cetro con la diestra y con la siniestra un gorro. Junto a ella en el suelo, aparece un gato.
El cetro representa la autoridad de la Libertad y el imperio que tiene de sí misma. La libertad posee su propio ánimo, de cuerpo y de pensamiento. Para otros autores, la mujer sujetaría una maza como la de Hércules, en lugar del cetro. Hay quien dice que como símbolo de virtud, yo, con todos mis respetos, diría que como símbolo de la fuerza necesaria para ser libre.
El gorro hace alusión a los antiguos romanos, que cuando le daban libertad a su siervo, le afeitaban la cabeza.
En cuanto al gato, y al ser un animal que ama la libertad, nos muestra que no puede ser retenido por la fuerza. A veces ante la mujer, aparecerá un yugo destrozado en lugar de este animal.
Una de las estatuas más representativas de la libertad, está bien presente en nuestro imaginario colectivo, aunque no puedo dejar de preguntarme si no estaría más apropiada con una maza en la mano en lugar de la antorcha, y con un gato callejero a los pies. Menos esperanzadora sí, pero más real.
Yo no puedo dejar de imaginar la libertad como un momento de felicidad consciente. Ese mágico momento en que eres libre, porque estás donde quieres, con quien quieres, haciendo lo que quieres. Ese momento en que eres feliz, y lo sabes. Pero eso es parte de mi propio imaginario, porque la libertad asusta también y duele mantenerla. Que se lo digan al juez Garzón, el precio que está pagando por ser fiel a su conciencia y haber actuado con libertad. ¿Pensará en mujeres con mazas o en mujeres ciegas? No, no tiene pinta de ser del bando de la ceguera.








